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06 de julio de 2006
Por Ana Criado
“¿Son necesarios los hombres?” Esta es la insidiosa pregunta que se formula Maureen Dowd (y muchas mujeres con ella) en su libro homónimo. Y es que la cosa tiene su busilis.
A estas alturas, ya no es un secreto que los hombres son básicamente mujeres genéticamente modificadas. No lo digo yo, lo dicen los genetistas: mientras las mujeres poseen dos cromosomas X, los hombres tienen un cromosoma X y otro Y (que no es sino una X a la que se le ha caído una pata). Paradójicamente, aunque el cromosoma Y es sinónimo de masculinidad, en realidad no da para tanto. Siempre se había creído que el cromosoma X era especialista en características femeninas; unos hallazgos recientes demuestran sin embargo que ¡¡es el cromosoma X el que se especializa en la producción de esperma!! Por si esto fuera poco, la infecundidad masculina va en aumento. Un siete por ciento de los hombres es estéril, muchos de ellos a causa de mutaciones en su dichoso Y. El cromosoma Y se está desmoronando ante nuestros ojos, y cuando todos los cromosomas Y hayan desaparecido, entonces, por fin, los hombres se habrán extinguido. Definitivamente, el cromosoma Y es una ruina plagada de averías que lo están condenando a esfumarse. Sin él, los varones son una especie en peligro de extinción y, de no ser por otras alternativas para fecundar a las mujeres, la especie humana desaparecería en unos 100.000 años.
A la luz de todos estos datos, la cuestión es: ¿Son aún necesarios los hombres? ¿O puede la humanidad apañarse sin ellos? Lo que está claro es que los hombres han perdido sus roles tradicionales de proveedores de bienes materiales, de protectores e, incluso, de procreadores: no son pocas las mujeres hoy que deciden ser madres sin el problema añadido de tener que cargar con un marido como quien carga con un fichero adjunto. Antes, sí: antiguamente, los hombres servían para firmar cheques, llevar maletas, ceder asientos en los transportes públicos, cambiar bombillas, fecundar óvulos, y otras tareas menores. Pero, de un tiempo a esta parte, ya nadie paga con cheques ni practica ‘guaguing’, las maletas reconvertidas en trolleys vienen todas con rueditas, y la maternidad responsable ya no requiere de hombre alguno: basta con adquirir esperma de calidad en un banco especializado…. En definitiva: los hombres parecen tener un futuro incierto y están destinados a ser los segundones de una nueva sociedad dominada por las mujeres. Okey, vale: de momento, los hombres todavía son necesarios para la reproducción pues, tal como están las cosas ahora mismo, aún se necesitan espermatozoides (aunque sean de compraventa). Pero, ¿cuánto durará esto?
Mientras la duda se despeja, distraigamos la espera con una adivinanza. Pregunta: “¿Cuántos hombres son necesarios para cambiar una bombilla…?” Respuesta: “Cinco: uno que pone la bombilla y cuatro que hacen girar la mesa.” Pero no se me desanimen, chicos: como dice la Dowd, “un banco de esperma jamás sustituirá a una cama doble”… Eso, seguro.
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