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03 de julio de 2006
Por Lucy Rodríguez Gangura
En la ciudad de Rivas Vaciamadrid se ha celebrado durante los días 22, 23 y 24 pasados el II Foro Social Mundial de las Migraciones; más de 3.000 delegados y delegadas de 165 organización que realizan su trabajo en 83 estados, abordaron 45 seminarios y 27 talleres entorno a los 9 ejes temáticos sobre los que se estructuraba este Foro. El impacto de la globalización sobre los movimientos migratorios, los derechos de los inmigrantes y refugiados, los movimientos regulatorios y las políticas de regulación, asilo y refugio, modelos de convivencia, políticas públicas sobre inmigración, problemas de exclusión social, codesarrollo y comunicación fueron los centros de interés de los y las participantes a lo largo de estos tres días.
Cinco años después del nacimiento de estos espacios de debate y articulación de los movimientos sociales en lucha contra los perversos efectos de la globalización y el neoliberalismo, aparecen en su seno voces críticas con la dinámica global de los mismos y especialmente con éste foro de las migraciones.
Los protagonistas del fenómeno, los inmigrantes, critican lo que consideran ausencia de espacio o protagonismo suficiente en el mismo y así lo manifestaron en la asamblea de los movimientos sociales previa a la clausura.
En una sociedad en plena transformación, entre otras causas, por el aporte, cultural y social, que los y las inmigrantes están realizando (180 millones de personas desplazadas desde sus lugares de origen en todo el mundo pueden dar una somera imagen de la importancia del fenómeno), se hace necesario profundizar en las reflexiones de sus consecuencias y de las actitudes más comunes que se manifiestan en el seno de las comunidades del estado español.
Las derechas mas recalcitrantes se mueven en una contradicción permanente entre su deseo de mantener una sociedad estanca e inmóvil que les permita mantener sus cuotas de poder político y la necesidad, léase deseo, de disponer de un ejercito de obreras y obreros fácilmente explotables que les permita no sólo mantener su tasa de beneficio y competitividad sino además aumentarla. Sus declaraciones y actuaciones públicas lindan de forma permanente con una xenofobia y racismo más o menos maquillados. El mejor ejemplo de lo dicho en Canarias es, como no, el Sr. Soria.
La izquierda más oficialista, aquella que ejerce importantes cuotas de poder, no diferencia sus posiciones de las de la derecha. Añaden a sus discursos la necesidad de impulsar el desarrollo en los países de origen pero en los presupuestos que gestionan siguen siendo míseras las partidas destinas a tal fin y, como no, en defensa del supremo interés “nacional” salen a la defensa de sus multinacionales cuándo consideran que sus beneficios, obtenidos de la explotación de los recursos naturales y humanos de los países del sur, son puestos en cuestión por la decisión de sus soberanos propietarios de nacionalizarlos o explotarlos por si mismos. Su ejercicio del poder les permite, además, hacer una selección a su gusto de los “cupos de inmigrantes”. Sin duda los africanos llegados a Canarias y Andalucía en pateras o cayucos se llevan la peor parte.
Las Organizaciones No Gubernamentales, en la mayor parte de las ocasiones en su interés sincero a auxiliar a los y las inmigrantes, los han convertido en el instrumento-objeto de su trabajo, con ello han conseguido dos importantes efectos colaterales: el primero de ellos es victimizar a los y las inmigrantes, destinatarios de caridad y solidaridad y no de los derechos sociales y laborales universales que a todo ser humano corresponde; el segundo efecto, relacionado con el primero, es la aparición de una nueva forma de gestión indirecta , como algunos gusta llamar, que traducido a lenguaje cotidiano significa privatización de los servicios públicos que el estado del bienestar y, por ende, las administraciones publicas deben ofertar todos los ciudadanos y a todas las ciudadanas en condiciones de vulnerabilidad.
Los movimientos sociales, incluyendo a las organizaciones sindicales, se han quedado en un hibrido entre el papel que como tal les correspondería realizar, organización de la ciudadanía, movilización y exigencia al los poderes públicos de que hagan sus deberes, y el papel de las ONGs. Es importante recordar que algunos de ellos, sobre todo los grandes aparatajes sindicales también viven en gran medida de las mismas subvenciones.
Las izquierdas más consecuentes mantienen un análisis, a mi modesto entender, en líneas generales correcto respecto a la situación en los países de origen, la defensa de los derechos de ciudadanía y el derecho al trabajo y a una vida digna. Para estas organizaciones las personas inmigrantes portan una carga simbólica revolucionaria, son los más osados de sus sociedades, los y las que se rebelan contra el status quo existente; son, en definitiva, una oportunidad para lo que nosotros y nosotras hemos sido incapaces de hacer: transformar la sociedad en la que vivimos por una mejor. En tres actos distintos del Foro de Rivas escuche interpelar a las organizaciones de inmigrantes en un sentido similar a este: Pero realmente ¿han pensado ustedes a que tipo de sociedad quieren incorporarse?.
Así los y las inmigrantes se han convertido, como desde hace tanto tiempo somos las mujeres en objeto de los discursos, debates y programas de trabajo de todas las organizaciones de cualquier color. Sin embargo ni ellos y ellas ni nosotras, las mujeres, acabemos de tocar el poder dentro de esas organizaciones o en el conjunto de la sociedad.
Siguiendo aquel principio casí universal de que “cada grupo oprimido debe protagonizar su propia liberación”, tal vez ha llegado el momento de silenciar nuestros gritos para poder escuchar sus voces.
Carta abierta a un ex comunista o requiem por Augusto Hidalgo
Francisco González Tejera
Las muertes de los cayucos, una catástrofe humanitaria.
José Castellano Arencibia
Contradicciones de un Gobierno “socialista” y “progresista”
Antonio Hernández Lobo
Alegaciones enviadas a la Consejera de Sanidad en referencia a la modificaión del decreto 212/2005
Fabio Bovi
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