Inicio > Blogs > Mi espacio de opinión > Tesoros canarios en Cuba.

11 de octubre de 2008
Por Juan Francisco Santana Dominguez
Un buen amigo, mejor diría que un familiar cercano de corazón y afinidad y no tanto de sangre, hizo una de sus visitas a Cuba hace ya unos años. Fue en 1991 y luego volvió el año siguiente, impulsado, sobre todo, porque allí quedaba parte de la familia, de aquella etapa en que la emigración era la solución a los problemas del agro canario y de sus necesitadas gentes.
Entre otras actividades visitó el Asilo Santovenia, en la ciudad de La Habana, llevado por las Hermanas de la Caridad. Se trataba de una institución que abarcaba una gran cantidad de terreno, en los que se encontraban algunos notables edificios, rodeados de parques y jardines amorosamente cuidados y puestos al servicio de ancianos de la más diversa procedencia. No buscaba a nadie en concreto, sólo le sedujo la idea de visitar aquellas gentes, aquel lugar, aquella organización y de repente apareció, de forma casual, una señora, ya muy entrada en años, que respondió a la pregunta del curioso y amoroso visitante: “Yo soy de la isla de la Gomera y del municipio de Chipude, el municipio más hermoso de aquellas alejadas y cercanas, en el corazón, islas mías”. El visitante le dijo que en Chipude se había comido el mejor potaje de verduras de su vida y ella asintió orgullosa. A su lado se encontraba su esposo, que apenas hablaba, entre otras razones, porque su mujer siempre llevaba la iniciativa. “Echamos muchísimo de menos aquel gofio…parece que lo huelo”. Cerró sus ojos y pareció que lo degustaba, que lo saboreaba. “No se preocupe, el próximo año yo le traeré el gofio que tanto echa de menos”. Aquella enérgica anciana le miró y le dijo: “No me intentes dejar soñando, no intentes quedar bien”. La contestación fue emotiva: “Le prometo que volveré el año próximo, acompañando a una prima que quiere conocer a su familia de Cuba”. Así fue como sucedió y, meses después visitó, de nuevo, no sólo Cuba sino que quiso que aquella señora viera su sueño cumplido.
A la vuelta a La Habana, no fue fácil dar con el matrimonio de Chipude, a pesar de que una monja, muy cortés y atenta, le ayudó en una excursión de búsqueda entre aquellos muchos canarios que allí decidieron quedarse en su momento. Un primer intento fue equívoco, aunque muy emotivo, plagado de viejos recuerdos que se resistían a desaparecer. Le dió a aquella amable pareja de Tenerife dos jaboncillos, de los pequeños, que siempre llevaba consigo una cierta cantidad para repartir, de la marca Heno de Pravia, de aquel del envoltorio amarillo. La tierna señora los olió y le secundó su esposo. Ambos cerraron sus ojos, a la búsqueda de viejos pero no olvidados olores, y la señora, con lágrimas en los ojos, manifestó: “Huele…a España…sí, huele a España”. Fue tremendamente emotivo.
El segundo intento fue otro fracaso, en la búsqueda del matrimonio de Chipude, pero, realmente, sorprendente. “Sí, mi niño, somos canarios, de la isla de Gran Canaria y del municipio de San Lorenzo”. Esta vez, Juan, que así se llama el cariñoso y atento visitante, fue el que inició un baile con unas lágrimas que, emocionadas, querían unirse a aquel increíble encuentro. Hay que decir que Juan nació en la Cuesta Blanca, lugar que pertenece a San Lorenzo, y es un fiel defensor de la recuperación de nuestro Municipio. Fue inenarrable.
Después de un buen rato de búsqueda emocionada allí estaban los de Chipude, que no daban crédito a lo que estaban viviendo. “No era una dulce mentira. Has vuelto, como me dijiste”. Le entregó el tesoro, el gofio que tanto ansiaba aquella señora. Lo olió, lo tocó con sus ya cansados dedos, lo probó y lo dio a probar a su marido. Se les vio muy emocionados y aquella señora lloró y lloró. La monja acompañante se dirigió a Juan y le dijo: “He visto la felicidad, por primera vez en mi vida, en la cara de esa mujer. ¡Qué poco cuesta hacer el bien!”.
Juan no sólo disfrutó de su familia cubana sino que encontró unos inolvidables tesoros, unos canarios y canarias que no pudieron volver a sus Islas, a Canarias, pero que siempre, y hasta el final, las llevarían en sus mentes y corazones.
Antonio Hernández Lobo: Maravillosa historia de nuestros canarios en la diáspora. Historias como estas, y tan bien narradas por nuestro amigo Juan Francisco, refuerzan el hecho de que la mejor forma de vivir la canariedad se realiza desde las cosas sencillas...como el orgullo que sentía el amigo Juan, natural del municipio de San Lorenzo, Gran Canaria. Ufff...me has emocionado Juan Francisco!! Un abrazo fuerte.
Normando de Argentina: Los abuelos mios, siendo de ahi cerquita, de Tamaraceite, no tuvieron por aquí esa dicha, los envolvió una Babel de lenguas y costumbres y muerto uno de ellos, el otro quedó mirando el cielo, (dicen que de día los cielos son todos iguales), esperando vaya a saber Dios que cosa distinta a la muerte, por eso me gusta mirar al cielo, me empareja con todos los que añoran algo.
Gracias Juan Francisco.-
Agustín: Es muy hermosa la historia que nos has contado, Juan Francisco. Tan hermosa que uno, que no se destaca por ser demasiado patriotero (a lo PP, claro) no ha podido impedir emocionarse y buscar ansioso el final. ¿Conseguirían los ancianos el anhelado gofio?
Y es que la patria, chica o grande, está en los corazones, en los olores y sonidos, en las fotografías de la memoria, en el recuerdo de lo que tuvimos que abandonar con tanta tristeza.
Cuantos inmigrantes habrá en Canarias que también llorarían como niños si alguien les trajera un poco de gofio de su país de origen? Qué injusto es verse obligado a emigrar, qué dolor tener que romper con todo aquello que nos conformó y nos hizo personas. Y qué hermoso sería mitigar ese dolor con el abrazo de la tierra de destino.
Un fuerte abrazo, amigo.
Juan Francisco Santana Domíngu: Muchísimas gracias. Me llena de satisfacción que les gustara la lectura de estos tesoros canarios en Cuba y también recordar, con mucho amor y necesidad de descubrirlos para los que son desconocedores y ávidos lectores, que hay otros muchos tesoros en otros lugares, como bien nos dice Normando: Argentina, Venezuela, Uruguay, Paraguay...y el resto de países que acogieron a canarios en su deseo de mejorar, que esperan salir a la luz y enriquecer no sólo a sus descendientes sino a los que no tuvieron la suerte de conocerles. Un cariñoso y fortísimo abrazo para Una más, Antonio Hernández Lobo, Carmen, Normando y Agustín.
Carta abierta a un ex comunista o requiem por Augusto Hidalgo
Francisco González Tejera
Las muertes de los cayucos, una catástrofe humanitaria.
José Castellano Arencibia
Contradicciones de un Gobierno “socialista” y “progresista”
Antonio Hernández Lobo
Alegaciones enviadas a la Consejera de Sanidad en referencia a la modificaión del decreto 212/2005
Fabio Bovi
| L | M | X | J | V | S | D |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 |
| 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 |
| 15 | 16 | 17 | 18 | 19 | 20 | 21 |
| 22 | 23 | 24 | 25 | 26 | 27 | 28 |
| 29 | 30 | 31 | 1 | 2 | 3 | 4 |
Anúnciese con nosotros.