Inicio > Blogs > Sin caducidad > ¿Homicidio imprudente o políticas asesinas?

07 de septiembre de 2008
Por Lucy Rodríguez Gangura
Me encontraba muy lejos de Canarias cuando me llego la noticia. Esta vez eran catorce los muertos del cayuco que intentaba alcanzar las costas del archipiélago. A estas alturas, en que las cifras de los miles de muertos se confunden, ya no se, si, en él torbellino de sentimientos que las mismas me producen, predomina la tristeza o la indignación.
El cayuco llevaba doce días navegando en duras condiciones lo que provoco la muerte de estos catorce trabajadores africanos.
Para quién a estas alturas no lo sepa, los cayucos, que vimos por primera vez en las islas en agosto de 2005, son embarcaciones de fibra, normalmente, con dos motores fuera bordo, su eslora (largo) puede ir de los 15 a los 30 metros y su manga (ancho) mide entre 1,5 y 3,5 metros. En su travesía hacia Canarias recorren distancias que pueden ir de los 800 a los 3.700 kilómetros (distancia existente entre los puntos de salida de Mauritania y Costa de Marfil respectivamente). En el mejor de los casos la travesía puede durar entre 5 y 15 días dependiendo del punto de salida, la calidad de las embarcaciones y los motores y la cantidad de personas que lleven. Pero los vientos, la desorientación, el miedo pueden (y lo hacen con frecuencia) jugar malas pasadas y convertir el viaje en interminable o hacerlo acabar trágicamente como ya nos hemos acostumbrado a que suceda.
Si con los datos acerca de estos cayucos y el número de personas que transportan, ofrecidos por los medios de comunicación, alguien se hubiera detenido a hacer el calculo del espacio que cada una de ellas dispone en el cayuco para la travesía, y yo lo he hecho, habría llegado a la conclusión de que generalmente es entre cuarenta y sesenta centímetros cuadrados.
El joven de 24 años, Mamadou Coulibaly, procedente de Guinea, declaro tras su llegada a Canarias, en junio del pasado año:
“ Viajamos atados con una soga al cayuco para no movernos y evitar caernos al mar, éramos muchos, algunos murieron en el viaje y los tiramos por la borda. A los pocos días de salir no teníamos agua ni comida. No podíamos movernos de nuestro sitio porque si lo hacíamos perdíamos espacio. Los demás te pueden desplazar y acabas en el agua. Vi a un amigo morir”.
Mamadou perdió ambas piernas, debieron ser amputadas por la por la infección que le causó la fricción del sedal de pesca con el que se había atado.
Pero el iba bien amarradito a sus sesenta centímetros cuadrados de esperanza. En esa plaza, en esos sesenta centímetros se agolpan los deseos de salir de la pobreza; de los treinta países más pobres del mundo 22 están en el África subsahariana. En esos sesenta centímetros se haya la ilusión de huir del SIDA; treinta millones, el 70% del total de afectados, se encuentran en esta región del mundo; en esos sesenta centímetros cuadrados en los que, con tanta frecuencia mueren deshidratadas las personas inmigrantes, intentan huir de la sed; 300 millones de africanos y africanas sobreviven sin acceso al agua potable.
En definitiva en esos sesenta centímetros se acumulan los deseos y anhelos de de jóvenes sin alternativa alguna en sus países; el 44% de la población subsahariana es menor de 15 años.
Atrás queda todo lo conocido, todo lo familiar, sus parientes, sus amigos y amigas, sus árboles, sus paisajes, el color de su cielo, su tierra. Que hondo pueden calar sesenta centímetros cuadrados de muerte.
Los catorce muertos de esta última tragedia apenas ocupaban 8 metros en el cayuco que viajaban. Sus ataúdes ocuparan más espacio.
Hoy este cayuco vuelve a provocar titulares. El Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) ha anunciado en una nota de prensa que cinco de los ocupantes han sido detenidos y enviados a prisión sin fianzas por la jueza de guardia de San Bartolomé de Tirajana, acusados de homicidio imprudente y de un delito contra los derechos de los ciudadanos extranjeros como presuntos organizadores de la expedición,.
Esta vez si se lo que siento, una clara indignación ante lo que no es más que un acto de hipocresía. Hay que buscar un chivo expiatorio y aquí lo tenemos, no son más que cinco inmigrantes más.
Hace mucho que en Canarias sabemos que los cayucos que llegan no tienen un patrón, como antes sucedía con la llegada de pateras. Generalmente se autoorganizan y los más experimentados (en ocasiones atrevidos) hacen de piloto, turnándose entre varios.
El jefe del Servicio Fiscal y de Fronteras de la Guardia Civil, Francisco Gabella, declaró a los medios de comunicación de la isla de Tenerife, el 16 de agosto de 2006, que las organizaciones ilegales ya no juegan un papel tan importante en el fenómeno migratorio hacia Canarias «Ahora se reúnen 50 personas en las costas de Senegal, en Dakar, y aportando 300 euros cada una pueden organizar la venida sin necesidad de ningún tipo de organización.”
La realidad es que las muertes de inmigrantes en la travesía hacia Canaria se han multiplicado desde el 2005 merced a las políticas desarrolladas por la Comunidad Económica Europea y por el gobierno del estado español. Fundamentalmente las políticas de externalización de las fronteras que han convertido a Marruecos en la frontera de la Unión Europea y del territorio del estado español a efecto de control migratorio y, en consecuencia, han obligado a los y la inmigrantes a desplazarse cada vez más hacia el sur para realizar el fatídico viaje.
Estas políticas se concretaron tras los acontecimientos de Ceuta y Melilla en los que también murieron catorce inmigrantes. Pese a la exigencia de organizaciones del estado español e internacionales del esclarecimiento de esas muertes (todos los inmigrantes murieron por disparos de armas de fuego) a día de hoy no se ha dado ninguna explicación de lo sucedido. ¿Fue eso un homicidio impudente o un asesinato de estado ejemplarizante?
Luego vino el Plan África, en él que, maquillándolo con terminología de ayuda al desarrollo, se hace una clara apuesta por mantener la explotación de los recursos naturales de África por empresas españolas, y, se subvencionan organismos nacionales de países africanos cuya única función es la represión, en muchos casos, concretadas en la persecución, tortura, secuestro y asesino de los sectores progresistas de sus respectivos países. ¿Cómo debe llamarse a esto?. ¿Qué delito cometen quienes pagan a los que asesinan?
Efectivamente, estas catorce muertes y las miles anteriores han sido provocadas. Han sido provocadas por el señor Zapatero y sus compinches de la Unión Europea. Son sus políticas, la ausencia de respeto a los derechos humanos y a la libertad de movimiento las que matan.
Una sola decisión de la Unión Europea y mañana cesaran las muertes.
Si quieren meter a alguien en la cárcel que metan a Zapatero.
Yaiza RV: Sólo digo que si unos padres de cualquier país europeo, somenten a uno de sus hijos a los riesgos que sobrevienen a un viaje en cayuco o patera de los que llegan a Canarias. A esos padres, como mínimo, las leyes y el sentido común, les quitan la patria potestad.
Actualmente, la Normativa de extranjería en vigor en España, premia a esos padres con la reunificación familiar.
Lo que no me explico es por qué criticar esta normativa de extranjería no está bien vista; y sin embargo, sea políticamente correcto no dar visados a los africanos que son contratados en origen, o bien, a los que disponiendo de dinero, deseen viajar legalmente a España en vuelos regulares.
Lucy Rodriguez: Cuando una madre o un padre dejan embarcar a su hijo en un cayuco, lo que realmente esta embarcando es la esperanza de supervivencia de toda la familia.. La familia africana nada tiene que ver con la actual familia canaria o europea. Se trata de unidades extensas, de , cuanto menos, cuatro o cinco hijos e hijas y otros parientes. La posibilidad de emigrar de uno de los jóvenes o niños representa no sólo una alternativa a quién emigrar, por duro que sea el viaje más duro es esperar a ver como tus hijos van muriendo de hambre, sed, contraen el Sida, son asesinadas en una guerra reclutados como niños soldados, es también una alternativa para que sobrevivan el resto de hermanos y hermanas.
La Ley de Extranjería no premia nada. En primer lugar porque de lo que realmente estas hablando es de deportaciones de niños, que van contra derecho internacional y contra toda la legislación de protección de los menores en el estado español, es esta última la que debe ser aplicada en el caso de los menos extranjeros no acompañados. Eso no es lo que esta sucediendo hoy.
Otra cuestión es el concepto de patria potestad que incluye o debe incluir la capacidad de los progenitores para cuidar, alimentar, proteger y educar a los hijos. El concepto proviene del derecho europeo y nada tiene que ver con la realidad africana. Las familias africanas no tienen la posibilidad de realizar todas esas funciones respecto a su descendencia porque Europa ha expoliado sus riquezas, empobrecido el continente africano y roto su armónico desarrollo social.
¿Quién tutelaría al menor en caso de aplicación de esa Ley?. No deberían ser los estados europeos. Pues sencillamente que lo hagan y se dejen de deportaciones, extradiciones o retorno al hambre y la muerte de menores.
Son muchos los factores que debemos tener en cuenta para analizar lo que esta sucediendo con los cayucos, pero sobre todo es necesario hacer un ejercicio de reflexión y superación de nuestros estereotipos de habitantes privilegiados del planeta con los estómagos llenos y la MP3 (perdón MP4) en el bolsillo para ser capaces de situarnos en la realidad de un continente que no ha tendido la posibilidad de elegir porque el desarrollo del que nosotros y nosotras disfrutamos se lo ha impedido.
Respecto a la última parte de tu comentario perdona pero no entiendo lo que quieres decir.
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