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05 de septiembre de 2008
Por Rosario Valcárcel
A las mujeres hay que tenerlas en cuenta, recordarles, que están vivas, que nos importan.
De la película “Hable con ella”
El domingo es uno de esos días en que junto con mi padre puedo disfrutar de películas clásicas, antiguas que te apetece ver una y otra vez. Este domingo le tocó el turno a una más moderna: “Hable con ella” de Almodóvar.
Un director que en este film se ha desviado un poco de su estilo, acomete el tema de la soledad y de la incomunicación humana. De la sensualidad.
Entrecruza dos historias de amor entre Benigno, bisexual (Javier Cámara), enfermero al cuidado de Alicia, bailarina (Leonor Watling) a la que ama. Y Marco (Dario Grandinetti) periodista que se acerca a Lidia (Rosario Flores) torera.
Comienza la película con un cuadro intenso de ballet en el Café Müller. Suena una música, de esas que sin saber por qué te entristece. “The Fairy Queen, del compositor Henry Purcell. Dos mujeres vestidas con túnicas trasparentes y con los ojos cerrados danzan sin conciencia, sin ver ni escuchar nada. Flotan, pasean su destino, cuando un joven vestido de oscuro entra en la escena, las protege de los peligros que ellas no pueden ver. En ese momento se crea el éxtasis, un deseo vivo de vida, un cortejo a la muerte, un presagio o quizás el momento de cerrar los ojos metafóricamente, para el gran sueño.
“Hable con ella” es un melodrama donde se aborda la amistad de dos hombres unidos por el dolor, la convalecencia de sus dos amores: Alicia, representa la belleza y la elegancia. Y Lidia personifica el mundo de la infelicidad, de la amargura, del amor. El mundo masculino de los toros, el valor, el miedo.
Almodóvar nos muestra ese proceso en que se apagan las luces de la existencia, cuando entras en la vida vegetativa, si es que a la vida vegetativa se le puede llamar vida, porque como dice uno de los protagonistas es el enemigo que siempre gana. Pero aquí igual que en los cuentos de hadas hay un despertar sexual, juega con el mito de la Bella Durmiente.
Una película delicada con un registro del cine mudo “Amante menguante”, en donde su personaje masculino Alfredo recorre el cuerpo desnudo de Amparo y como un niño, embrujado por su sexo, se introduce en él, en una escena perfecta, plástica. Una unión que recuerda al nacimiento de la vida pero de una forma inversa.
Nos muestra Almodóvar el Madrid bullicioso, los campos recogidos, la habitación de un hospital con su pausa momentánea y la estampa ensangrentada de una plaza de toros. Nos predispone a bucear con la mente, a analizar situaciones que se van desvelando entre temas contradictorios: mientras Benigno está contento, Marco llora, mientras Alicia sobrevive, Lidia muere. El amor de Benigno es insistente, vive porque ama a Alicia, porque habla con ella, sin embargo para Marco es un sentimiento profundo pero llevadero.
Comienza el film con un ballet triste y finaliza con ritmos caribeños entre un leve sonido de agua, alegre, eufórico con final feliz. Lo presenta así de simple, como si de la muerte se pudiera desgajar el alma y emerger la vida.
“Hable con ella” presenta un trabajo minucioso, detallista que huye de las escenas de sexo violentas, de la crueldad. Juega con la melancolía de la lluvia, de las ropas mojadas, de la soledad, del aspecto físico de Rosario Flores con Manolete.
Una cinta con buena interpretación, así como con una Paz Vega seductora y una Geraldine Chaplin como siempre natural, fantástica.
Además nos brinda una canción mejicana, de esas que tanto gustan en España y tanto gusta a Almodóvar. En este caso “Cucurrucucú paloma” cantada por Caetano Veloso, con tal sentimiento que en ese instante deseé estar junto a él. Logró ensancharnos el corazón, los sueños, invadirnos de nostalgia, de esperanza.
“Hable con ella” es una película hecha con talento que aborda la lucha por la vida, por salir de la oscuridad. Por encontrar el milagro de la luz.
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