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26 de agosto de 2008
Por Francisco Morote Costa
El breve ciclo del poder unipolar americano parece estar cerrándose. No es que Estados Unidos vaya a dejar de ser, de la noche a la mañana, una superpotencia, pero la apuesta que el gobierno de G. Bush ( hijo ) y los neoconservadores hicieron, su "Proyecto para un Nuevo Siglo Americano", ha fracasado estrepitosamente. Las aventuras militares de Afganistán e Irak no se saldaron con el éxito que se había anunciado y atascado el poder militar americano en esos escenarios, Irán, Siria e, incluso, Corea del Norte, aparecen ahora como la prueba visible de los límites y capacidades de ese poder.
Terminado el mandato de ocho años de Bush ( hijo ) se entierra con él la ilusión de un poder americano no sólo unipolar - Estados Unidos única superpotencia mundial -, sino también unilateral, es decir, capacitado para decidir y actuar prescindiendo de cualquier opinión o reparo de sus hipotéticos aliados o de las instituciones internacionales. Puede decirse que estamos asistiendo al final del " sueño" de una Pax americana impuesta al mundo manu militari. Ahora lo que está en cuestión no es cuando Estados Unidos atacará o invadirá Irán o Siria, sino cuanto tiempo más permanecerá en Irak y por cuanto tiempo se empeñará en seguir, antes de abandonar, en el infierno afgano.
¿ Qué gana el mundo con la marcha del peor presidente - según predijo con acierto el escritor Carlos Fuentes -, que haya tenido hasta ahora Estados Unidos?
Tranquilidad, alivio y una nueva oportunidad para la siempre zarandeada y maltrecha paz mundial, porque a pesar de los incesantes esfuerzos por presentar al terrorismo y, particualrmente, al islamista, como la principal amenaza para la paz mundial, la opinión pública internacional percibía que la verdadera amenaza para esa paz provenía de la agresiva política imperialista de los neoconservadores y de su medium presidencial.
Ahora el mundo está pendiente de las próximas elecciones estadounidenses del 4 de noviembre y podría decirse que la inmensa mayoría de la humanidad - como demuestra el recibimiento dispensado a B. Obama en Alemania -, "reza" porque sea este y no el continuista Mc Cain el ganador de los comicios y el siguiente inquilino de la Casa Blanca. Y es así porque del uno y del otro se esperan comportamientos diferentes. Quién gane las elecciones presidenciales del 4 de noviembre no es irrelevante, ni para Estados Unidos, ni para el mundo.
Y, sin embargo, el escenario mundial de 2008 es muy distinto del de 2000. En realidad, la posición mundial de los Estados Unidos se ha debilitado considerablemente, y no sólo desde el punto de vista militar, sino también porque la crisis financiera constituye un problema que no sólo acarreará quebraderos de cabeza para el futuro gobierno de los Estados Unidos, sino que expresa,así mismo, los límites de las salvajes e irresponsables políticas neoliberales impuestas al mundo desde el ambito del universo anglosajón y especialmente norteamericano.
A partir de ahora, con Mc Cain o con Obama, Estados Unidos encontrará un mundo en el que operan nuevas realidades económicas y políticas. China, Rusia, India, Brasíl, juntos, quizás la Unión Europea, son actores ya de tanta importancia como los propios Estados Unidos, y son conscientes de su fuerza creciente y de su poder. Volvemos a un orden político internacional multipolar y Estados Unidos tendrá que aceptarlo y adaptarse. El problema radica en la deriva que siga la superpotencia americana con Mc Cain o con Obama. Con el primero el riesgo de perseverar en los errores de la política imperialista, en el deseo de mantener la posición de potencia unipolar unilateral, ignorando las nuevas realidades geoeconómicas y geopolíticas, es alto. Para el mundo las incertidumbres y los sobresaltos son una posibilidad cierta; para los Estados Unidos,dada la improbabilidad - al margen de la locura nuclear -, de imponer sus designios por los medios militares más o menos convencionales, el mandato de Mc Cain podría representar, como el de Bush, el de la aceleración de un declive económico y político-militar ganado a pulso en la persecución de una supremacía imposible. Con el segundo, en la estela de Clinton, Estados Unidos, con la ayuda de la Unión Europea - ese es el sentido, en mi opinión, de la visita de Obama a Alemania, Francia y Reino Unido, opositores y aliado incondicional, respectivamente, de Estados Unidos en el decisivo conflicto de Irak -, podría tratar de recuperar la posición de potencia unipolar multilateral, es decir, inclinada a considerar y respetar la opinión y las reservas de los aliados leales y de las instituciones internacionales amigas. Una actitud, en definitiva, más realista y menos soberbia, que podría atraerle a los países decisivos de la Unión Europea, con gobiernos de derechas o, incluso, hipotéticamente progresistas. Ese sería el camino más inteligente para retrasar la inevitable pérdida de la hegemonía total en los campos económico y político-militar, frente a potencias ascendentes como China, Rusia y, en menor grado India y Brasíl. Con Obama, incognita, esperanza y decepción a la vez, Estados Unidos aceptaría posiblemente la existencia de un orden internacional multipolar más fácilmente, aminorando los riesgos y las tensiones de una resistencia numantina al cambio.
Diciendo adiós a Bush, confiemos en cerrar una frustrante página más de la reciente historia contemporánea del mundo. Para todos los estados que constituyen la llamada comunidad internacional, con los más poderosos y, por consiguiente, con las mayores responsabilidades, enterrado el " Proyecto para un Nuevo Siglo Americano", es la hora de tomarse en serio los verdaderos problemas aplazados con los que se alumbró el siglo XXI : el cambio climático, el agotamiento y la competencia por los recursos naturales, las desigualdades sociales crecientes ampliadas por la globalización neoliberal, etcétera. Ese es el auténtico reto que sólo se podrá superar mediante el diálogo y la cooperación internacional entre gobiernos presionados por una opinión pública mundial que tendrá que exigir, enérgicamente, el reconocimiento y la resolución de esos problemas como cuestiones de vital importancia para el futuro en paz de la humanidad."
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