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30 de mayo de 2006
Por Ana Criado
El alcalde de Arona está preocupado. Tan preocupado está el hombre, que ha aprovechado la visita oficial a su municipio consumada por su compañero de partido coalicionero (y a la sazón Presidente de esta Afortunada Comunidad) para decir cosas. Ha dicho que las pateras, claro (y si no lo ha dicho, habrá sido para no redundar), pero también que el imparable incremento de la población en un 13 por ciento anual, que la más que presentida entrada de clandestinos por el aeropuerto del Sur, que la cada vez más deteriorada calidad de vida de sus convecinos, con tanta gente (controlada e incontrolada) demandando servicios… Todo esto pudimos oírlo el pasado martes en las noticias de Radio 5, con el consiguiente apretón de ánimo que acompaña la consideración de nuestro incierto futuro como reserva ecológica de Occidente.
Seguidamente, y sin transición, en esa misma cadena pudimos escuchar también al Consejero Bermúdez más contento que unas chácaras, diciendo que estamos encantados de habernos conocido porque se ha incrementado el turismo, porque hemos llegado a unos niveles de calidad altííísssimos, con la ocupación hotelera más chachi del país, y porque esperamos seguir subiendo (como la espuma, por decirlo de forma icónica), habida cuenta de que nadie en el vasto mundo del ocio vacacional nos hace sombra. ¿Y cómo es así que nos hemos quedado sin competidores de nuestro nivel de oferta? Pues porque no tenemos terrorismo (ni cayucos, ni brotes de delincuencia internacional, ni crímenes de lesa ecología, ni superpoblación). Todo ello sin mencionar (cosa que el Consejero Bermúdez no ha hecho, presumiblemente para no chafarle el ánimo a nadie) la especulación inmobiliaria, el desarrollo insostenible, las mafias rumanas, o rusas, o chinas, la prostitución, la droga, las violaciones, el hurto al descuido en las playas, la presión medioambiental, la contaminación acústica, la polución del mar y las costas (emisarios, vertederos), la falta de efectivos policiales, las carencias infraestructurales, el deterioro del tejido social, y el largo etcétera que siempre culmina una enumeración innumerable como ésta.
Quizá ignore el Consejero que los paraísos artificiales y los guetos turísticos (Marbella, Torremolinos, Las Américas…) son el caldo de cultivo que tan ricamente alimenta a los villanos, los felones, la morrallita y la chusma (que no llega precisamente en patera, sino en avión) aprovechando el río revuelto, la penuria de valores, la ociosidad vocacional y el despiporre. Y que el puritito turismo de sol y playa sólo deja botes de ‘aftersun’ vacíos.
Quien no ignora nada de esto es la avifauna autóctona. Cuando el desolado forastero se aventura a dar un paseo vespertino por la avenida que bordea el mar desde Las Toscas a la playa de Fañabé, en Costa Adeje, se ve sorprendido por los gritos quejumbrosos y lastimeros de unas bandadas de pardelas que sobrevuelan despavoridas el litoral, buscando los sebadales y las cuevas donde refugiarse a pasar la noche. Pero en su lugar sólo encuentran Time Sharing, Happy Hours, trile y basureo.
Carta abierta a un ex comunista o requiem por Augusto Hidalgo
Francisco González Tejera
Las muertes de los cayucos, una catástrofe humanitaria.
José Castellano Arencibia
Contradicciones de un Gobierno “socialista” y “progresista”
Antonio Hernández Lobo
Alegaciones enviadas a la Consejera de Sanidad en referencia a la modificaión del decreto 212/2005
Fabio Bovi
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