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17 de julio de 2008

El beso

Por Dunia Sánchez Padrón

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Se levanto de su sillón  como mecedora del tiempo. Se acerco a su vieja estantería  que tenía tantos años como ella y, de ahí, cogió un álbum de fotos. Fotos de tiempos pasados, de un ayer que se mezclaba con el hoy. Sus manos le temblaban, su pelo cano era hermana gemela de la plateada. ¡La plateada ¡ Esa noche enigmática en cada uno de sus cráteres, cada uno de ellos tenía algo que contar de sus vivencias pasadas .
  Con  su lento andar y ese álbum entre las manos se sentó en su sillón, una lámpara y la luz de la luna serían las guías para ese recorrido por su vida.  Sacudió el polvo de las tapas del álbum de fotos y unos leves estornudos la cazaron.  Cuando pasaron sus ojos estaban humedecidos. Abrió el álbum. Y, allí , estaba ella . Su primera foto era de cuando había nacido. Estaba desnuda, como recién bañada. Ello le hizo gracia. Paso la página, la siguiente foto era de su juventud.  ¡Ay su juventud ¡ La foto fue sacada con un chico . Un chico pelirrojo y con pecas en la cara. Se trataba de Gregot. Su primer amor. Se hallaban en la playa, una playa coronada por  un sol naciente refulgente. Recuerda muy bien como fue su primer beso, ese beso alado de complicidad y que convergía  a un cosquilleo en sus labios. Se ríe. No sabía como besar. Era el primero . ¡El primero ¡ Un hormigueo la fue escalando por cada uno de sus músculos hasta llegar a su tez . Se enrojeció tanto que su cara parecía un fresón. El también. Después no supo que hacer. Los calores la oprimían por lo que decidieron desnudarse y darse un chapuzón en ese océano de aguas verdes.
  El baño duro  unos instante, el cielo fue tomando un color cenizo y las primeras gotas ya empezaban a caer. Por lo que salieron, esperaron como pudieron a secarse y se vistieron.
            Las primeras palabras le llegan ahora a ese salón en que esta sentada a media penumbra, escucha perfectamente lo que le dijo el .
 - Me das un beso
- ¡Un beso¡
   Suspiro ella. Después de pensarlo y que la vergüenza le danzara se lo dio. Sí , se lo dio. Sus labios al principio no se encontraron. Eran tan torpes…. Lo tuvieron que intentar repetidas veces hasta  que sus labios con sabor a sal  se unieron en el esplendor de unos fuegos artificiales. Su sensación de aquella primera vez, de aquel instante lo llevaría eternamente en su mente hasta que la vida se acabase. Ese primer beso, como explicarlo. Es una explosión donde dos cometas colisionan y el rubor les atiza bonanciblemente.  Posterior a ello  no supieron que hacer. Se sumergieron en un mar de dudas.
¿Esta bien lo que he hecho? Recordaba a su madre en esos momentos:¡Ten cuidado con los chicos que son unos pillos ¡. Ese pensamiento la recorrió aceleradamente. Su corazón latía desbaratadamente, una mezcla de aquella sensación y las palabras de su madre. Por lo que a la tercera vez salió corriendo dejando al pobre Gregot, que mala intención no tenía, colgado. Se juro que no lo vería más pero ello no era muy cierto. En el instituto se lo tendría que encontrar.
  Pasó aquella página de su álbum de fotos y, ahí, estaba su padre.  Ante esa imagen incorrupta en el tiempo sintió lastima y añoranza.
            Su padre había muerto en sus años de juventud. Una mañana de verano  cuando realizaba las faenas del campo con la fresca se olvido parar el motor del tractor. Sin darse cuenta e inexplicablemente el tractor pasó por arriba de él. ¡Llantos ¡ Solo llantos hubieron aquel día y en días posteriores .  Desde el pueblo y vestidos de negros la gente venía con antorchas por la noche en honor al difunto. Alrededor de la casa las iban poniendo, lo que aquello parecía decenas de luciérnagas velando al muerto. El dolor de su madre era intenso. Un dolor que contagiaba a cualquiera que estuviera a su lado. No había manera de consolarla y consolarse ella así misma. Gregot a eso de la madrugada vino a visitarla. No lo había visto desde aquel día en la playa.  En esas horas hasta que el astro rey corono el nuevo día se mostró muy amable, tan amable que su madre lo percibió y con un gesto de aprobación notado por ella  hizo que no se sintiera tan sola.  Se quedo tranquila y más, cuando de las antorchas al derredor de la casa iba engendrando los espíritus blanquecinos de otras personas del pueblo que habían fenecido. Venían a recoger a su padre y llevárselo con ellos.

Comentarios enviados

Juan Francisco Santana Domíngu: Una de las expresiones amorosas más hermosas. ¡El beso! ¡Aquel primer beso!, que unes, que enhebras, en este escrito, con una triste y rural despedida. Amor y tristeza, juntas de la mano.  
Un abrazo.

Dunia : Muchas gracias por tu comentario 
Saludos  
Dunia

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