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Hay algo que Dios ha hecho mal. A todo le puso límites menos a la tontería. (Konrad Adenauer)

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18 de mayo de 2008

De olvidos, mentiras y desvaríos

Por Olmo Alvarez de la Nuez

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Hoy quiero desvariar, quebrar las cadenas que a menudo aprisionan nuestro yo interior, ablandar cautelas, limpiar de miedos, autocensuras y desvíos el camino que conduce desde la conciencia a la palabra. Aspiro, modestamente, a esa rara sinceridad que se predica de los santos y los locos. Quiero hablar del conflicto educativo que azota el Archipiélago.

Se que muchos exclamaran: ¡Pero Olmo, como te metes en ese berenjenal! ¿Quieres que tu nombre sea abominado por todas las esquinas, que tu nomina sea pregonada para acreditar que formas parte de los “bien pagaos”, que tu caricatura se incorpore a la raza de las “ratas pelúas” que oprimen a los compañeros/as, o que indaguen en el proceloso mundo de tus esposas y amantes, buscando el hilo oculto -ése que en el decir popular tira más que carreta de bueyes- que conduce a tu condición de esbirro del poder?; pero yo acepto todas las prevenciones de los que me consideran y aprecian, aunque mi condición masoquista me lleva, como arrastrado por un arrebato incontenible, a penetrar en esa selva llena de oscuras amenazas.

Considero que el clima que rodea a esta polémica es espeso y mediáticamente magnificado. Se encierran en todo el Archipiélago menos de cien y parece que están movilizados 26.000. Es un conflicto, en los últimos días, de pequeñas acciones, desplantes, comunicados y amenazas, pero con poco recorrido en las aulas. Se diría que han encontrado una táctica magnífica que logra que poco abulte mucho; con ruido, prensa y publicidad varia, sin tener que probar el estado de ánimo, la disposición al sacrificio o la convicción del personal. Se llegó a hablar de una huelga de baja intensidad… hasta las próximas elecciones autonómicas, lo cual da idea de la limpieza y propósito de ciertos dirigentes de esta acción.
Algunos tienen miedo de hablar, y se transmite la impresión, dado el lenguaje del grupo dirigente de la huelga y de sus trincheras mediáticas o foreras, que al que les lleve la contraria, como se suele decir, le parten un brazo, tal es el ambiente de linchamiento hacia el discrepante o de satanización de la Consejera, cubierta de improperios o de expresiones ambiguas e insinuantes. Si esto no fuera así díganme que significan algunas replicas al “Ya basta” de Alfonso González Jerez, o las reacciones a dos recientes artículos de Enrique Bethencourt.

La confusión interesada o la mentira hacen imposible llegar a los datos más elementales del conflicto. Se habla de homologación con el resto de los funcionarios de igual categoría de la comunidad autónoma, pero no se marcan las importantes diferencias que en funciones, horario, jornada o vacaciones les separan. ¿Cuál sería la consecuencia de esta hipotética homologación, en el circuito sin fin que suele ligar subidas, homologaciones, agravios comparativos, nuevas homologaciones, y así en un recorrido interminable? ¿Sería tal vez que el resto de los funcionarios pidieran también ser homologados en horario, jornada y vacaciones con los docentes? Y si pasamos al tema salarial se afirma que son los docentes peor pagados de España, cuando incluso en su estado actual las retribuciones se encuentran en la zona media de la tabla, y en la hipótesis de haberse aprobado el preacuerdo, los representantes de Comisiones Obreras, sindicato no sospechoso de amarillismo, reconocían que ojalá en su comunidad de origen, la socialista Andalucía, hubiesen conseguido un pacto similar. ¿Hubo acaso, en las últimas elecciones, algún partido que incluyese la homologación en su programa electoral, lo hizo el PSOE del Sr. López Aguilar o el Sr. Rodríguez- Drincourt; en algún momento el Ministerio de Educación, que justamente retiró el estatuto del personal docente del parlamento por falta de financiación, ha asumido el discurso de la homologación, o por el contrario ha llamado alarmado para que Canarias no incurra en esa locura y cree un grave precedente? Sólo una avalancha de mentiras, cortinas de humo y mediática desinformadora y complaciente impide llegar a los datos elementales del conflicto. Aconsejo a las personas de buena fe que consulten las páginas web de los sindicatos más destacados de la enseñanza, para que tengan una noción cierta de la realidad y del lugar que Canarias ocupa a nivel nacional en el tema retributivo.

Las páginas de este portal han recibido estos días una aportación correcta en la forma, pero totalmente sesgada en su interpretación. Alguien ha cogido la tiza y se ha dirigido a la pizarra para enunciar un problema, pero al final, bien sea porque se le acabó la tiza o la pizarra se le hizo pequeña, han quedado demasiadas cosas fuera de la vista del alumnado.

Quiero decir, parafraseando una célebre cita que se aplica al mundo bélico, que la educación es demasiado importante para dejarla en manos de los docentes. Implica al conjunto de la sociedad, y necesita de cauces y debate. Pero podemos dar un paso más y afirmar más allá de nuestra frase, que la enseñanza no se puede abarcar o interiorizar desde sus exclusivos parámetros. Hay temas que la exceden, y condicionantes que la limitan. En un recorrido histórico de la enseñanza en Canarias, desde el franquismo a la actualidad, hay dos datos en mi opinión relevantes. De un lado, que la enseñanza forma parte de un sistema funcionarial, de gestión de lo público, que es posiblemente el más rígido, irracional y privilegiado de toda la Unión Europea, y como tal introduce dificultades de difícil superación para la aplicación de cualquier tipo de reforma. La ley 30/1984, sobre medidas urgentes para la reforma de la Administración Pública, o ley Moscoso, ha venido condicionando el desarrollo posterior de las administraciones públicas españolas y su incapacidad para la reforma. El próximo año se cumplirá el 25º aniversario de esta gran distorsión cuyas consecuencias más negativas siguen proyectándose sobre nuestro país. ¡Qué curiosa coincidencia que ninguno de los dos grandes partidos planteara en el programa de las últimas elecciones la reforma de la administración pública!, cosa nada rara si tenemos en cuenta que más del 80% de los parlamentarios de este país son funcionarios. Y los problemas estallan por todas las costuras de la sociedad ¿Algunos de ustedes se han preguntado que sucederá cuando los implicados funcionariales en ese rosario de Marbellas, Moganes, Teldes, Cosladas, Guateques y el larguísimo etcétera de palabras que nombran la corrupción de nuestro país acaben su periplo judicial? Pues yo sólo voy a decir que la inmensa mayoría seguirán en sus plazas, porque el invento Moscoso no dio cauce al despido de funcionarios por corrupción. Y cito este ejemplo no porque sea aplicable a nuestra sufrida docencia sino porque comparten impunidad con el resto del sistema público funcionarial.

El segundo condicionante de nuestra actual enseñanza vino dado por las reformas de la etapa Maravall y particularmente por cómo se aplica la democracia a la escuela, partiendo de un concepto ingenuo que introducía en la comunidad educativa una desigualdad real entre sus distintos integrantes y una hegemonía absoluta del estamento docente. Sólo esta ambigüedad, como tantas nacidas de delirios progres, ha permitido los simulacros de autogestión no jerárquica que han vivido algunos centros docentes canarios en determinados momentos, y ello con la facilidad de no tener enfrente a un colectivo de padres maduros, con formación, y capaces de diferenciar entre el discurso demagógico y el interés de sus hijos.
Un dato sociológico se unió posteriormente a estos handicaps iniciales, ya que pasada la euforia de la transición democrática y el cambio, la llegada a la enseñanza de las generaciones del desencanto y el pasotismo dio lugar a un uso distinto de los mecanismos de funcionamiento de la escuela. Así pudimos contemplar la pérdida de voluntarismo o de ilusión, la sindicalización absoluta del sector público, convertido en refugio de un sindicalismo débil en la empresa privada; la sucesión de batallas erráticas, hoy contra la jerarquía, mañana a favor de innovaciones o nuevos puntos de vista que se recibían como un absoluto que negaba cualquier otra posibilidad; la desaparición de los colectivos de renovación pedagógica, o lo que s lo mismo, la pérdida de ideario profesional y de implicación más allá del cumplimiento raso de la tarea. Y muchos de estos planteamientos coincidieron con cambios, como la ESO o la LOGSE que, como todas las reformas educativas de este país, desde la tardofranquista de Villar Palasí hasta la actualidad han carecido del consenso social y político imprescindible, y del dilatado tiempo de aplicación que necesita la consolidación de cualquier nuevo modelo.

El divorcio social y político del país, con una correlación entre enseñanza publica/privada bastante distanciada de los patrones europeos, en el sentido de la pujanza y presencia social de la enseñanza privada, y particularmente la religiosa, dificultaba también el punto de partida. Y si el problema finalmente lo desgranamos hasta llegar a las disparidades autonómicas se entenderá fácilmente que estamos ante una realidad sumamente complicada.

En todo este panorama, hay un ejemplo que nos ayuda a comprender cuál es el estatus de los empleados públicos. El sociólogo Víctor Pérez Díaz, para entender el problema del mercado laboral español - no es el caso de los sectores más privilegiados, que evidentemente juegan en otra liga- nos propone “el juego de las cuatro esquinas”. Imaginemos un rectángulo cuyos cuatro vértices simbolizan distintos lados de seguridad para una numerosa masa que corretea intentando agarrase a uno de ellos. Al primero consiguen aferrarse los empleados públicos, de empleo seguro y vitalicio. En el segundo se concentran los laborales con contrato indefinido. Al tercero se resignan los empleados públicos o por cuenta ajena con contrato temporal. Y el cuarto queda para los que, no teniendo empleo de tipo alguno, pueden sobrevivir con un menguado subsidio de paro, mientras dure. Sólo en el centro transitan los demás, los parados absolutos, los que no tienen empleo ni fijo ni temporal, público o privado, ni tampoco reciben subsidio, y lo que es peor, pocos se acuerdan de ellos.

Esta salida por la tangente, o esta digresión, nos puede servir para colocar en su justa medida el problema y tener una noción clara de quiénes son el lado débil del sistema o, lo que es lo mismo, dónde está la prioridad social. Sin ningún afán revisionista, la primera homologación hecha en Canarias, con una ley a término, no partía de un juicio social certero, y mucho menos educativo. Nuestro hombre de la tiza, que hoy marca una cautelosa distancia hacia la actual plataforma, se ha olvidado de su propia participación personal y del lema “homologación sin contraprestación”, que se enarboló en aquella lejana reivindicación y que demuestra, entonces y ahora, un talante arraigado.

Es muy simplista manejar una secuencia CC- PP/privatización/menos inversión. Y trazar una divisoria entre lo bueno y lo malo que arranca, casualmente, la actual situación con José Miguel Ruano, y deja en el territorio de los buenos a los “coleguis” Mendoza/Alduán. Este planteamiento, maniqueo, pasa de puntillas sobre los problemas que no arregla el dinero, sobre los vicios estructurales que atascan el sistema y que para no ser mencionados se solapan con el eterno discurso de “más medios, y más dinero”.
Pero la gran mentira de esta línea argumental, más grave que los muchos olvidos en los que incurre, es el silencio sobre la etapa de la educación canaria que se vivió con los citados Mendoza/Alduán y que muchos llaman como de la “consejería gobernada por los sindicatos”. Si alguien tenía dudas sobre que los sindicatos no son garantía ni expresión del interés general, esta etapa suministra sobrados argumentos para la cuestión. La secuencia que conforman la homologación primera, el patológico crecimiento de la interinidad, la subordinación de las especialidades a los intereses personales de los docentes impartiendo asignaturas para las que no estaban capacitados con tal de no dejar su isla de residencia, el boicot a los nombramientos de directores y el gran descubrimiento de la jornada continua, auténtico cáncer del sistema educativo canario, es un ascenso contínuo hacia el disparate cuyas consecuencias se siguen viviendo hoy.
Si, por otro lado, tenemos en cuenta el monstruo montado en torno a la Administración educativa autonómica, trufada de docentes en comisiones de servicio y carente de especialidades ineludibles para una buena gestión y seguimos ascendiendo hasta los equipos políticos donde se han repetido nombres e incompetencias hasta la saciedad, junto a consejeros y viceconsejeros que, eso sí, han procedido todos del sector educativo, completaremos un cuadro que creo más exhaustivo y objetivo. En el fondo, estamos viviendo las consecuencias lógicas de una situación que combina obstáculos estructurales de difícil salvación con errores humanos y de gestión clamorosos.

Hemos creado un sistema sin centro ni corazón, sin convicciones ni trayectoria. Un sumatorio de gasto público y burocracia de incierto caminar que contamina a todos sus componentes. Ni por tradición ni por nivel nuestro país, ni Canarias en particular, poseen una cultura de lo público, un referente de principios y valores en el campo concreto de la educación. Hasta la fosilizada Francia ha podido convivir con su inflexión burocrática en la enseñanza gracias a la tabla de salvación de lo que allí se entiende como cultura o principios republicanos, forjados a partir del ideal igualitario de la revolución. Incluso, en un marco tan poco propicio al cambio, pudo surgir un Claude Allégre, aunque fuera por poco tiempo, para proclamar y defender que el alumno es el centro del sistema educativo, que sólo él como resultado final o como persona que recibe el testigo justifica la finalidad de un sistema basado en la transmisión del saber a través de las generaciones, que el fracaso escolar es fracaso social, y que la educación es una herramienta en constante cambio porque nada refleja como ella el dinamismo social. ¡Aunque nos duela decirlo, hasta la enseñanza privada y religiosa de nuestro país tiene un norte más cierto que la enseñanza pública! En las protestas lloriqueantes que se entonan por la “privatización” de lo público, se deja de lado que hemos empujado a los ciudadanos a huir hacia los colegios privados, porque entre otras cosas transmitimos una imagen patética de lo público.
¿Qué le podemos pedir a unos padres que ven cómo sus hijos son vomitados del centro escolar, entre la una y la una y media de la tarde, y contemplan cómo la mayoría de los enseñantes, con hijos en edad escolar, acuden a recogerlos a las cuatro y media de la tarde del autobús que los trae…del colegio privado?
Desde los más radicales credos de la progresía hemos convertido la escuela pública en una escuela para pobres, para los que no tienen otra opción. El afán de colocar en el mismo nivel supuestos ideales educativos y de defensa del sector público, con el interés gremial, corporativo, que se ha hecho mayoritario en la docencia, está produciendo este monstruo.

La apropiación confusa de los grandes ideales por el aparato del pensamiento y la acción burocrática, en una mescolanza entre Elías Canetti y Sigmund Freud, nos lleva inevitablemente a reivindicar una respuesta individual y una nítida ética personal. ¿Cómo podríamos sobrevivir en medio de la demagogia que invade la supuesta defensa de lo público por parte de un sindicalismo desnortado, cómo podríamos hacer una crítica superadora de todo lo que atenta contra nuestra individualidad, cómo defender nuestra privacidad de las fuerzas ciegas de los grandes bloques de poder social que nos aplastan, y que más allá de sus discursos de legitimación como garantes de los grandes valores, producen resultados aberrantes?

¡Cómo echo en falta un partido radical, un puñado de desvariados Marco Panella, irreverentes, histriónicos prendidos de las tetas de Cicciolina, pero con la frescura de agarrar el timón de la individualidad frente a la masa informe que pretende legitimar todos los privilegios gremiales como si fueran un valor común, contra la razón de estado, frente a la perversión de la falsa ciencia o al olvido del saber de futuro! ¡Cómo echo en falta a los lobos solitarios que rastrean el camino de la individualidad y renuncian al lobby, secta, mafia, consejo, gruppie, logia, y a todas esas alquimias sociales que mezclan miedo, ruindad y poder! En el rectángulo de las cuatro esquinas de la vida se hacen necesarios los que con la palabra o la miradaa prestan atención a todo aquello que escapa al interés de los bien establecidos. No es una subversión de clase ni de partido, sino de idea, convicción y humanidad.

Muchos de ustedes pensarán: ¡pero Olmo hoy, aparte de no dejar títere con cabeza estás particularmente pesimista! Y es cierto, la situación es mala y no hay caminos claros, y los obstáculos son inmensos. Pero, a pesar de todo, estoy convencido de que hay una gran mayoría de docentes que están dispuestos a dar pasos por un camino constructivo y con cierta idealidad, sin aspavientos ni trascendencias. Lo malo es que son una grey sin pastor, o más bien con pastores equivocados, porque han cedido el timón a los náufragos de todos los naufragios, a los que sólo saben alimentar naufragios y elaborar discursos que vacunan contra la vida y la creatividad.

¿Es posible montar una nueva ilusión, un ideario al menos eficaz en medio de una situación tan complicada, es posible una catarsis de nuestro mundo educativo? La contestación la tienen los protagonistas, pero la implicación y el seguimiento son tarea de toda la sociedad. Yo sugiero echar mano de todo lo que de positivo y constructivo quede en nuestro espíritu, como si recurriéramos a un manual de autoayuda, pero con la idea clara de que en esta propuesta buscar el acierto en el modelo es tan imprescindible como la regeneración personal.

Propongo, modestamente, un ejercicio matutino de mi invención, una especie de tai-chi solitario, sin coreografía, que sólo necesita de un espejo en el que mirarnos. En esos primeros momentos, a caballo entre la penumbra y el nuevo día, cuando las legañas casi interrumpen todavía la visión y el lado consciente de nuestro cerebro despierta y se abre con frescura y una característica lucidez, afrontemos el sencillo reto de enfrentarnos al espejo y de mantenerle, a la otra mitad de nuestro yo, una mirada fija y de cierto desafío. Que ocurra con la mente limpia y pura, sin contaminación de noticias ni mensajes, ni los ecos de la última arenga o asamblea, con la sola música de nuestra soledad, y que entre esas miradas se crucen las preguntas esenciales, a las que no plantea resistencia ni el miedo ni el silencio ni la perversión, las que ahondan en nuestro camino, las que sustentan nuestra ética, aquellas para las que no hay evasión, olvido ni mentira, porque están en la senda de la sencilla pero inquebrantable decencia que reclamaba Hannah Arendt.

Si les soy sincero, no puedo garantizarles el éxito de este ejercicio, pero estoy seguro de que forma parte del camino que transita de lo individual a una decente implicación en lo social. Y lo defiendo porque soy de los que siempre estamos dispuestos a dar contrapartidas en devolución de lo que la vida y los demás me han dado. Y finalmente porque me siento muy cerca de la inmensa mayoría de aquellos docentes que haciendo realidad el verso del poeta
“…siembran fertilidad en el alba esencial de la vida”

Comentarios enviados

María Eugenia Alonso López: ¡Bravo!. Llevo algunos días pensando escribir sobre el conflicto educativo , pero la falta de tiempo y la necesidad de precisión en un tema en el que hay tanto en juego (La educación de una sociedad )me han impedido abordarlo. Leyendo a Olmo, siento que suscribiría punto a punto su entrada. Sé que entre los 26.000 docentes de Canarias el 99% hace un trabajo exquisito con nuestros hijos . Pero que inmenso daño hace ese 1%  
restante de intransigentes desnortados que están abocando al caos a todo el sistema público, junto a la incompetencia de toda la pléyade de supuestos técnicos que pueblan los despachos donde se deciden las estrategias negociadoras.

Aurora Benítez Gómez: "Hemos creado un sistema sin centro ni corazón, sin convicciones ni trayectoria. Un sumatorio de gasto público y burocracia de incierto caminar que contamina a todos sus componentes". Ha dado ud. en la clave, Olmo. Así es y pienso al igual que ud. que ello es consecuencia en gran medida "de la desaparición de los colectivos de renovación pedagógica, o lo que es lo mismo, la pérdida de ideario profesional y de implicación más allá del cumplimiento raso de la tarea", como se afirma en este artículo. Darle la vuelta a esto es tarea ardua. Se ha dejado que el mal se extienda hasta los últimos rincones del sistema. Pero en resolverlo nos van muchas cosas. Casi todas. Es tarea casi de genios. Y visto lo que hay, de esos todavía aquí no hay. El impulso político también ha quebrado, en el gobierno y en la oposición. Espero no obstante que la gravedad del asunto, el haber tocado fondo, el espíritu de supervivencia, haga que los/las cuerdos/as asuman la dirección del proceso, tras haber recuperado la pasión por la educación.

Luis Rivero: La situación está completamente quemada. Los enseñantes sin salida en un conflicto pésimamente gestionado por el comité de huelga. Y la consejera sin margen de maniobra aferrada en la consigna de "resistir es vencer". Todos en las trincheras y sin saber cómo avanzar. Al final volverá "la paz de los cementerios". No habrá conflicto y tampoco solución. El sistema público seguirá desangrándose y todos echándose las culpas en las horas del recreo. Unos seguirán haciendo papeles y otros continuarán en las aulas mirando el reloj para irse. Y CC, PSOE y PP en el limbo. Yo ya sólo confío en padres y alumnos. Pero ello llevará tiempo. Pero llegará. Seguro. Siempre ha sido así.

Sergio N.: Este es el comentario más valiente que he leído al respecto. Enhorabuena.

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