Inicio > Blogs > A mi medida > Contra la digresión: Argumentos

15 de mayo de 2008
Por Pablo Rodríguez Valido
Desde los días del huracán Katrina llevo escribiendo en los periódicos digitales con relativa frecuencia y últimamente compruebo que se comenta lo que escribo. Aunque más que comentar mis escritos, creo más bien que los mismos son utilizados de pretextos para desencadenar auténticos debates políticos, en los que he apreciado cierto apasionamiento que va más allá del diálogo entre adversarios. Pero de este fuego yo sólo aporto la tenue luz de una llama, porque la auténtica fogalera la avivan los blogueros participantes. A lo mejor es exagerado, pero al reducir los razonamientos del debate a una onomatopeya, al pronunciar “pimpampúm” no se está imitando el estampido con el que se liquida al contrario. Igual esa no era la intención, pero tanta tensión preocupa a los analistas. Hace un año, Felipe González afirmaba que estábamos viviendo un debate político prebélico y una crispación política sin razón, en la que sólo se emplean descalificaciones. Ese “clima de crispación política empieza a calar en la sociedad”, advertía el líder socialista. Y continuaba: “No hay ninguna razón seria para la crispación. Se trata de un invento de los políticos para una política desapegada de la ciudadanía”, que busca romper los consensos que han “acompañado los éxitos de la democracia” (Agencia EFE: 24.03.2007). Todos sabemos que estas palabras no concuerdan con las maneras que tiene otro dirigente socialista más cercano a nosotros, del que conocemos que ha llegado a agotar todas las descalificaciones existentes en el diccionario. Un dirigente que ha presumido de su propia descortesía en la tribuna del Parlamento de Canarias, y que en las comparecencias ante su club mediático hace gala continuamente de un desprecio por los demás. Aunque no hay mal que por bien no venga, en un parecido ambiente de crispación, Jorge Luís Borges llegó a elaborar una teoría sobre las posibilidades literarias del insulto. A la que llamó: “Arte de injuriar”. En ese texto Borges cuenta una anécdota que atribuye al escritor romántico Thomas De Quincey, quien al parecer debatía sobre teología con otro caballero, cuando en el calor de la discusión su interlocutor arrojó un vaso de vino a la cara de Quincey; ante lo cual el escritor sin inmutarse, le dijo a su ofensor: “Esto, señor, es una digresión; espero su argumento”. Entre los blogueros que polemizan partiendo de lo que escribo, están los que tienen voluntad de no ver, que son aquellos que cuando no les vale el maniqueísmo de buenos y malos, desvían el tema hacia otra cosa, rompiendo el hilo del discurso para introducir cosas que no tienen relación. Luego están los que confrontan planteamientos y razones para apoyar las distintas visiones de una misma tesis. Esos son los que enriquecen el debate democrático, aportando argumentos cooperativos para darle condición ideológica al debate. Precisamente, a estos últimos no les veo arrojándose vasos de vino como sí lo hacen quienes se van por los cerros de Úbeda o de la digresión. Por pura pedagogía recomiendo una web que reproduce varias reflexiones sobre la “corrupción del debate político”, y que fueron promovidas en Madrid por el Foro “Debate-Encuentro” en mayo de 1995. Aconsejo esta web porque es plural y contiene la metodología para construir argumentos. Su dirección es: www.fund-encuentro.org/Debates/pdf/CorrupciDebatePolitico.pdf
Lo peor de este proceder es la inutilidad del disenso, porque sólo contribuye a mantener al PSOE recluido permanentemente en la oposición.
David Delta: Por pura cortesía agradezco la recomendación de esta web que reproduce varias reflexiones sobre la “corrupción del debate político”, y que fueron promovidas en Madrid por el Foro “Debate-Encuentro” en mayo de 1995. Es cierto lo de que es plural y contiene la metodología para construir argumentos.
Excelente texto. Muchas gracias.
Mariano Santa Ana: Hay en el artículo de Pablo un resto de "buenismo" zapateril. No debe olvidar que la democracia es el menos malos de los sistemas de gobierno. Por lo que respecta al cuento de Borges, decir que está basado en la idea juedo-cristiana de poner la otra mejilla; olvidando que en ocasiones, hay que actuar como dijo Lenin: "Ante el terror blanco, oponerle el terror rojo".
pablorodriguez: Lo habitual es dar las gracias ante cualquier consejo que se reciba, aunque luego no se le haga caso. Eso es lo habitual, lo cortés y, como dice el refrán, hasta de bien nacido. Pero nunca seguiré el consejo que ha dejado en este blog el Sr. Mariano Santa Ana, a quien no conozco ni se me apetece conocer. Porque si alguna vez se impone el terror en este país, sea blanco, negro o rojo, me encontrará enfrente, luchando por defender la democracia sea quien sea quien la presida.
Bienvenido al Plan Estratégico, Sr. Santiago Castellano
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